Una Lectora Nada Común

Allan Bennet

ISBN: 9788433974754
Editorial Anagrama
128 páginas
Para todos los públicos

 

“Still, though reading absorbed her, what the Queen had not expected was the degree to which it drained her enthusiasm for anything else” (pág 59).

¿Qué leerá la reina de Inglaterra?  ¿Leerá?  ¿Leer es parte de las obligaciones monárquicas?  ¿Debería serlo?

Bennet, en un acto de suma irreverencia para cualquier inglés, toma a la reina por protagonista.  No una reina inventada, no una reina ya muerta, toma a la mismísima reina Isabel II sin ningún disimulo, no con alusiones, la toma con nombre propio y con toda su ascendencia.  Esta libertad del autor nos hace disfrutar más la historia, pues a la protagonista la “conocemos”, podemos “verla”, al igual que a otros personajes que se mencionan como el duque, su esposo y varios primeros ministros, incluida Margaret Thatcher.

La reina, que tiene en el Palacio de Buckingham una biblioteca envidiable, no ha tenido mayor contacto con la literatura.  De pronto un día, en un rincón de los jardines del palacio encuentra una biblioteca ambulante, un mundo nuevo que pone ante ella el deleite de los libros, un placer que desplazaría a otros que se consideran más propios de una reina como cazar, por ejemplo.

Para la reina, esta es una dimensión de la realidad completamente nueva que le abre la puerta a realidades ajenas como las diferencias de clases o la discriminación de género.  ¿Entiende Isabel II de Inglaterra diferencias de clases sociales cuando la suya está tan lejos de las demás?  ¿Puede tener una mínima idea la reina de Inglaterra de las dificultades que tienen las mujeres para acceder a puestos de poder?

¡Una gobernante que lee!  Eso es más de lo que muchas naciones tienen.  Y si bien algunos pensaríamos que la lectura enriquecerá la labor de quien están en el poder, otra es la opinión de los asesores cercanos a esta reina para quienes la lectura la distrae de sus obligaciones y pone en aprietos a súbditos y primeros ministros cuando la reina quiere en sus conversaciones preguntarles por sus gustos literarios.

La reina es ahora una reina lectora y tratará de que su pueblo se acerque a su nuevo hobby.  Aprovechará los eventos para incluir poemas, alusiones literarias y para leer como parte de las ceremonias.

Disfrutará los largos recorridos para leer.  Con el tiempo pasará a un siguiente nivel en su amor por la literatura y empezará a escribir aumentando la preocupación de sus asesores.

Este libro será un deleite para quienes se consideran lectores y nos plantea el redescubrir los libros como si nos acercáramos a ellos por primera vez.

 

DE NO OLVIDAR…

“Her job was to take an interest, not to be interested herself.  And besides, reading wasn’t doing.  She was a doer” (pág 6).

“Once I start a book, I finish it.  That was the way one was brought up.  Books, bread and butter, mashed potato -one finishes what’s on one’s plate” (pág 11).

“…the duke heard her laugh out loud.  He put his head round the dorr.  ‘All right, old girl?’  ‘Off Course.  I’m reading’…” (pág 13).

“The appeal of reading, she thought, lay in its indifference:  there was something undeferring about literature.  Books did not care who was reading them or whether one read them or not.  All readers are equal, herself included.  Literature, she thought, is a commonwealth; letters a republic (pág 30).

“A book is a device to ignite the imagination” (pág 34)

“The next stage had been when she started to make notes, after which she always read with a pencil in hand, not summarizing what she read but simply transcribing passages that stuck her” (pág 47).

“Authors, she soon decided, were probably bet met with in the pages of their novels, and as much creatures of the reader’s imagination as the characters in their books” (pág 52).

“Literature being what it is, the gay quotient among the guests was high” (pág 53).

“But it wasn’t that.  It was reading, and love in though she did, there were times when she wished she had never opened a book and entered into other lives.  It had spoiled her” (pág 60).

“‘Can there be any greater pleasure,’ she confided in her neighbour, the Canadian minister for overseas trade, ‘than to come across an author one enjoys and then to find they have written not just one book or two but at least a dozen'” (pág 66).

“‘…he marked that being a writer didn’t excuse one from being a human being.  Whereas (one didn’t say this) being a Queen does.  I have to beem like a human being all the time, but I seldom have to be one.  I have people to do that for me'” (pág 72).

“‘You don’t put your life into your books.  You find it there” (pág 101).

“…one has at least achieved an age at which one can die without people being shocked” (pág 109).

“You go to a book to have your convictions corroborated.  A book, as it were, closes the book” (pág 114).

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