Huracán

Sofía Segovia

Editorial Lumen
267 páginas
No es para apto para menores

“Aniceto Mora era regalado. No era hijo, ni huérfano, ni adoptado. Soy regalado, decía siempre” (18).

Siempre que me preguntan por una recomendación de libro, sugiero El Murmullo de las Abejas, de Sofía Segovia. Huracán es la segunda novela de la autora.

Entre los meses de junio y noviembre de todos los años, las costas mexicanas sobre el mar Atlántico son amenazadas por huracanes. Algunas veces se desvanecen y terminan siendo un aguacero y en otras ocasiones atacan ocasionando daños enormes y pérdidas humanas.

Leer este libro es recordar que para muchos la vida misma es un huracán. Hay pasados que permiten predecir futuros peligrosos, corrientes que se cruzan y que no pueden más que desencadenar tragedias. Solo el tiempo dirá qué otras vidas serán dañadas cada vez que la tormenta llegue a las costas.

Esta no es la historia de un niño que fue tristemente dejado en adopción a unos padres amantes y que con el tiempo se esforzó y salió adelante en la vida. Este, en cambio, es el relato sobre Aniceto “el Regalado”, que es entregado sin ninguna pretensión de convertirse en parte de la familia de nadie. Con ese inicio, los pronósticos son poco halagüeños.

Imposible no comparar a “el Regalado” con el Simonopio de El Murmullo de las Abejas. Imposible no reflexionar sobre la convivencia de ambos con una familia diferente a la de origen, sobre su soledad, sobre sus silencios, imposible no odiar al uno y amar al otro.

El libro entrelaza el pasado de Aniceto con el presente de otros personajes, como Manuel, que está en una situación que relativamente común pero que pocas veces nos hemos detenido a pensar. Empleado de hotel en Cozumel de rango medio a cargo del lugar cuando se anuncia la venida de un huracán, se debate entre querer regresar a casa a proteger a su familia y el saber que la vida de los huéspedes depende de que él se quede en su puesto de trabajo hasta que acabe el evento climático.

Un libro para pensar sobre la importancia del origen, de la infancia y de la capacidad de algunos (los menos) de superar el pasado y de hacer salir el sol interno después de la tormenta.

 

De no olvidar*

“El mezcal no sólo borraba el miedo; también las convicciones: bajo su efecto todos olvidaron que un verdadero hombre no llora” (528)

“Qué mala fortuna la suya, regalado y peor aún: en la época equivocada” (573).

“El cúmulo de emociones contenidas en un hombre que se ha sentido mosco en ámbar es enorme y no conviene estar ahí cuando éstas se desbordan” (1508).

“Los hijos que Dios me dé era una promesa que nunca debería tomarse a la ligera, ni siquiera para hablar sólo del número de hijos” (1851).

“Por ser regio, todo lo gringo lo encontraba interesante” (1954).

“Algunos de los mejores momentos de su vida los habían disfrutado en silencio, sin necesidad de decir que yo sentí, que tú sentiste. Habían descubierto que, entre ellos, las palabras a veces estorbaban y nunca llegaban a desmenuzar el sentimiento; entre ellos, una mirada o una caricia servían para decirlo todo” (2014).

* los números en paréntesis corresponden a la ubicación en Kindle.

 

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